domingo, 7 de marzo de 2010

¿Por qué Severino compró tierras en Mornico Losana y no aquí?

Cuando todavía era muy chico mi padre me contaba que su abuelo, había comprado tierras en su pueblo que fueron vendidas cuando él aun era joven. En mi inocencia yo me preguntaba ¿Por qué las compró en Italia y no acá?

Pasó bastante tiempo hasta que leyendo un libro de historia, la cosa quedo bastante clara, porque finalmente la historia de los Lanati, es similar a la historia de miles de familias italianas y en este caso de acuerdo a los dichos del autor del libro también españolas que emigraron hacia nuestro país.

Este párrafo empieza reflexionando acerca de si los emigrantes que volvían a su patria eran fracasados o no pero verán que hacia el final queda clara cual es la respuesta a la pregunta formulada en el título.

“Todo el esquema del acceso o no del inmigrante a la tierra reposaba sobre la certidumbre discutible: que los migrantes habrían tomado una decisión definitiva al emigrar y que cualquier que la reviera (como retornar) era en realidad una exhibición drástica de la imposibilidad de hacer la América y una prueba irrefutable de las carencias o los límites del modelo de desarrollo implementado en las economías sudamericanas hacia fines del siglo XIX. Sin embargo, cualquier observador que recorra hoy el litoral astur-galaico –o el de la Liguria- encontrará inmediatamente las casas (o los vestigios de ellas) de los americanos. Eran personajes algo estridentes que fueron llamados indianos, con propósitos satíricos o deletéreos, en la literatura española de la época, como por ejemplo en La regenta, de Leopoldo Alas. Los datos que poseemos sobre las clases de pasaje en que se iba o se retornaba son limitados e inconcluyentes. Sin embargo las cifras de Vázquez González muestran, para los primeros 20 años del siglo XX, una ocupación algo mayor de la primera y segunda clase, en los retornos hacia los puertos gallegos, con respecto al mismo periodo en los viajes de ida (7% en total a la vuelta contra 2,5% a la ida). Todo ello debería hacer reflexionar que, al menos una parte de los retornados, no eran fracasados sino exitosos. Por lo demás, el gran movimiento de inversiones en tierras, propiedades urbanas o en rescate de deudas es indicador de hasta que punto las inversiones estructurales de muchos inmigrantes estaba ligadas a la sociedad de origen y no a la sociedad de recepción. Aunque esas inversiones a menudo no estuvieran acompañadas por un retorno, que la radicación de los hijos hacía demasiadas veces imposible. En realidad, la idea contraria demuestra hasta qué punto los preconceptos y no la indagación de las actitudes de los migrantes concretos, han dominado los estudios. Finalmente, ¿qué impedía que los inmigrantes quisiesen se propietarios en el país de origen y no en el de recepción?

Por otra parte, en una línea argumental distinta, pensar que la propiedad en destino era preferible a la propiedad en origen, por consideraciones estrictamente económicas, es cuando menos simplificado. No considera el hecho de que los proyectos de los inmigrantes estaban a menudo ligados a consideraciones de prestigio y reconocimiento social y no a “maximizar” sus beneficios. Estos proyectos podían, pues, estar vinculados con la sociedad de recepción; es decir, con el universo de las relaciones primarias que eran las que podían dar a los ojos del emigrado mayor legitimidad a su ascenso social. Finalmente ése era su “grupo de referencia”. De donde, para muchos “hacer la América” podía hacer fortuna en América pero exhibirla ahí donde ello contaba socialmente, es decir, en Europa.

Fuente: Historia de la Inmigración en la Argentina – Fernando Devoto – Editorial Sudamericana

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